Crónica de la IV edición del Festival Metamovida de Santiago de Compostela

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Texto: Paula Díaz / Fotos: Paula Perales

El pasado sábado 25 de noviembre cayó en mis manos la posibilidad de asistir a la IV edición del Festival Metamovida, evento celebrado en la Sala Malatesta (Rúa de San Lorenzo, 51) de Santiago de Compostela.

Por primera vez en mi vida, no sabía exactamente a qué escenografía me enfrentaba. “Hoy voy a salir de mi zona de confort” –pensé de camino a la sala. No obstante, dicen que aquello que no organizas previamente es lo que mejor sabor de boca te deja. Y efectivamente, así fue.

13:30 – Modulador de Ondas

Antes de comenzar a describir lo que significó la noche del Metamovida, hemos de hacer un pequeño flash-back, pues este festival ya empezó a las 13:30 del mediodía en el Bar Embora (Rúa de Tras San Fiz de Solovio, 2) con el Modulador de Ondas. Este es el nombre con el que se presenta el proyecto musical dirigido por Paulo Pascual que cuenta con una guitarra eléctrica y un theremin. ¡Parece mentira que se pueda hacer música sin tocar nada físicamente!

21:30 – Apertura de puertas

Eran las 22:00 de la noche cuando, tras hacer cola y charlar sobre el 25N (o día nacional contra la violencia machista), los asistentes entramos en calor en el interior de la Malatesta. En apenas cinco minutos las luces se tornaron tenues y comenzó la cuarta edición de un festival de música independiente que, en una sola noche, juntó diversos estilos musicales: desde la música acústica de la banda Trilitrate hasta el rock de los chicos de DIOLA, pasando, claro, por otras ramas musicales como el grunge del dúo femenino BALA. Nunca pensé que Pontevedra diera tanta buena música.

Una nota de violín me sacó de mis pensamientos.

Trilitrate fue el primer grupo en mostrarse al público. El instrumental de los de Vigo fue un regalo audiovisual para los allí presentes, pues la banda –integrada por un violín, una guitarra española y un acordeón– acompañó a sus melodías con las imágenes que Laura Iturralde lanzaba a la pared de fondo gracias a un proyector que no dejó de trabajar en toda la noche.

Las imágenes proyectadas, en ocasiones escenas realistas y en ocasiones bocetos dibujados, entrañaron el elemento perfecto a la hora de lograr el objetivo que la banda perseguía: contar una historia en cada tema. Quizá es aquí cuando deberíamos preguntar al público qué historia surgió en su mente, pues la interpretación es un término muy subjetivo.   

Solo una palabra: saudade –del latín, solitate (soledad)–. La música étnica de esta banda hizo que sintiera la más profunda saudade, la más profunda melancolía. Tan solo veinte minutos fueron suficientes para que el cuarteto instrumental se ganara al público. ¿Quién es capaz de resistirse cuando son los propios músicos los que dicen:

“Queremos un abrazo comunal con todos”?

22:55 – Para Diola no hay descanso

La banda pontevedresa Diola no dio espacio temporal para comentar la actuación anterior. Eran casi las 23:00 de la noche cuando el trío –bajo, batería y guitarra– hizo sonar los primeros acordes eléctricos de la noche (recordemos que Trilitrate era un formato acústico).

El rock de este grupo provocó los primeros bailes del público, lo que se agradeció tras la estupefacción anterior. Tras tocar su primer tema y presentarse, Diola se dispuso a continuar con su setlist, lo que provocó un éxodo positivo de los asistentes hacia las primeras filas.

A medida que la noche avanzaba pude comprobar (y evaluar, en cierto modo) cómo el sonido técnico era limpio, aunque quizá tan potente que el uso de tapones no fue algo descabellado.

Eran las 23:24 cuando los integrantes de la banda actuaron como Muse en 2009 cuando se negaron a hacer playback en el programa Quelli che il Calcio y, valiéndose del sarcasmo más inteligente, intercambiaron roles en la banda.

Más allá de la comparación, Diola demostró de una manera elegante (adjetivo que debería ir de la mano del género rock), lo profesional de su trayectoria en los escenarios, –a pesar de que esta formación solo tenga dos años de vida–.

Los de Pontevedra finalizaron su bolo con un paradójico “Fuera de mi vista” que trajo buenas vibraciones tanto a la sala como al casco de mi cerveza. Desde luego, dejaron un buen sabor de boca entre los asistentes (que cada vez, iban siendo más).

00:00 – “Vamos a pegar unos gritos por la causa”

BALA, ese dúo femenino alternative-grunge-punk-rock stoner (y un sinfín de subgéneros) que nació en Coruña en (insertar año), abrió su bolo “dando caña”, tal y como dirían Ánxela (voz y guitarra) y Violeta (coros y batería).

La iluminación simulaba un entorno difuso –si preferís, diremos que el ambiente se cargó de niebla–, y los móviles aparecieron de manera simultánea. Nadie quería perderse el momento.

Tras tocar dos canciones de su primer disco Human Flesh (2015), los allí presentes decidimos embarcarnos en un pogo del que no sabíamos con seguridad si saldríamos ilesos. Resultado: no fue así (al fin y al cabo, nadie puede salir ileso tras dos minutos seguidos de headbanding).

00:37; “Gracias por venir, gracias a los técnicos, al personal de barra…”. BALA es un grupo que sabe lo importante que es dar las gracias, acto a lo que el público reaccionó con el único crowdsurfing de la noche.

En apenas tres minutos, los miembros del resto de bandas anteriores y Pálida (DJ que pincharía como cierre del festival) subieron el peldaño que separaba a los músicos de los asistentes. Y así, a las 00:45 de la noche, la Orquesta Metamovida ya pisaba las tablas de un escenario que no tardarían en echar abajo.

00:45 – La Orquesta que armó una buena movida

Para hablar de esta formación, veo necesario hacer un ejercicio de contextualización previa.

La Orquesta Metamovida nació en 2010 como la fusión de cuatro bandas diferentes (Unicornibot, Why Go, Cró! y Buogh!). Se rumorea que el licor café y el ron ayudaron a la hora de sacar este proyecto adelante (habremos de darle las gracias al alcohol, entonces). Siete años después, la banda continúa con las mismas ganas haciendo música: el director indica unas pautas y la orquesta hace exactamente lo contrario.

No cabe duda de que la Orquesta es la prueba de que el sentido del humor y la música sin primos – hermanos.

Volviendo al escenario principal, todo tipo de instrumentos se presentaban ante mis ojos: tuba, theremin, saxofón, violín… Un panorama en el que todos los estilos tenían su hueco y en el que la persona de al lado no te miraba mal. En definitiva, un espíritu familiar que pocas veces sentí tan mío.

El colectivo metamovida comenzó su actuación con una energía propia de quien tiene ganas de hacer disfrutar al público (quien fue partícipe al 50, repitiendo las consignas que los miembros de la orquesta coreaban). Acompañado de las imágenes en directo que lanzaba el proyector, el hilo musical cobró en su actuación una narrativa audiovisual que se salió de todo lo que, a priori, cabía esperar de esta pequeña gran familia.

Como recomendación, yo no me perdería al colectivo metamovida el próximo jueves día 7 en Madrid, donde colaborarán en el taller Mateo Mena – Hypercubes como parte del festival Escucha en el fin de año de la capital.

01:55 – Pálida

El espectáculo llegó a su fin con la actuación del DJ Pálida, quien puso la guinda perfecta a una noche en la que no faltó la variedad musical.

Natural de Vigo, este DJ comenzó su carrera en 2013 con Sketches, su primer álbum. No obstante, cuenta con trabajos como A killing Farewall (2014), From the bottom of a lake (2015) o The Clutch (2016), su trabajo más reciente.

A pesar de que la asistencia a este bolo fue menor (ya que la Orquesta nos dejó físicamente agotados de tanto bailar), Pálida supo afrontar sin problemas este leve inconveniente logrando un sonido que algunos catalogarán como electrónica y otros lo harán como dance music.

Como dirían desde el colectivo metamovida, “Pálida fue un fantasma de la noche entre las sombras de la pista de baile”.

“Para mi, la esencia de todo esto es el directo” –anónimo, 02:00 de la mañana de lo que comenzaba a ser el último domingo de noviembre.

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